Ana Gil Rodríguez

Lugar y fecha de nacimiento: Haro (La Rioja) 1962.

Lugar de residencia:  Mi vida se ha desarrollado entre Haro y Sevilla. Viví en Haro hasta los siete meses, cuando mis padres se trasladaron a Sevilla, donde residí hasta el año 2006. Actualmente vivo en Haro, con frecuentes escapadas a mi otra tierra. 

He publicado las siguientes obras:

Dos relatos con la editorial Bubok (enero 2010): Primera Instancia 31 y Una noche cualquiera. Una novela, La casa de la Daniela (marzo 2018), con la editorial Círculo Rojo. Otro relato, El Gaueko (septiembre 2019), dentro de la antología Cruce de Caminos de esta asociación. Actualmente me encuentro en proceso de revisión de mi segunda novela.

Mis obras

Relatos


Primera Instancia 31

Una reflexión sobre el poder desde el punto de vista de tres personajes: El que se encuentra en la cima, el intermedio y la víctima de sus arbitrariedades.

Una noche cualquiera

Una historia sobre la imprevisibilidad en nuestras vidas.

La casa de la Daniela

A la muerte de su padre, Daniela, hija única y madre soltera de una niña, decide emigrar con el poco dinero que ha heredado de una pequeña y pobre población de Castilla a una floreciente localidad en el norte de España. Ante la imposibilidad de encontrar un trabajo, se convierte en la dueña de un burdel. Es el verano de 1936. A los pocos días, estalla la guerra civil española. Daniela se debate entre el conflicto de mantener económicamente a su hija y sus principios éticos, contrarios a la ideología de los vencedores de la contienda. Decide llevar una doble vida muy peligrosa: por un lado, recibe en el burdel a la clase dirigente y sus acólitos y, por otro, ayuda a personas de convicciones republicanas, dándoles dinero y comida e, incluso, escondiéndolos en su casa.

El Gaueko

Relato dentro de la antología Cruce de caminos, que es  un homenaje a la mitología vasca y a los antiguos habitantes de los caseríos, en contraposición a la practicidad que vive  la sociedad actual.

«Si Garikoitz no hubiese sentido un terror visceral al Gaueko, su vida habría sido completamente diferente.

No recordaba su edad exacta, pero en un rincón borroso de su memoria parecía aparcada una imagen desdibujada de su abuela…»


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